A la sombra del Parnaso, el Oráculo de Delfos fue durante más de un milenio el centro espiritual del mundo antiguo. El arte de la adivinación, que según la tradición fue otorgado a los hombres por Prometeo, encontró su expresión más característica en la frase «sobre el roble o sobre la piedra». Mientras que la primera se refiere al roble sagrado de Dodona, «sobre la piedra» se asocia con el Omphalos de Delfos, sobre el cual la Pitia pronunciaba sus oráculos.
De Gea a Apolo
Inicialmente consagrado a Gea, el oráculo pasó a Apolo tras su victoria sobre Pitón. La Pitia, elegida por la comunidad local por su integridad moral, servía al dios de por vida. El santuario alcanzó su mayor esplendor entre los siglos VI y IV a. C., atrayendo a miles de visitantes, hasta su silencio en el año 392 d. C., cuando el emperador Teodosio ordenó su cierre.
Ritual y consulta
La consulta oficial tenía lugar el día 7 de cada mes, excepto durante los tres meses de invierno, cuando Apolo se consideraba ausente y el santuario quedaba bajo la supervisión de Dioniso. Existían también métodos alternativos, como el sorteo de objetos en la cueva Coricia. Los consultantes (llamados chrómenoi o teopropoi) se purificaban en la fuente Castalia y ofrecían el «pelanos» (pastel sagrado), pagando tarifas que variaban entre particulares y ciudades. Tenían prioridad los habitantes de Delfos y los miembros de la Anfictionía, salvo quienes poseían el privilegio de la promanteia.
El adyton y la ambigüedad
En el adyton, la Pitia, en estado de trance, pronunciaba palabras incomprensibles que los profetas interpretaban en verso. La célebre ambigüedad de los oráculos («irás, volverás») protegía la reputación del santuario. Como señaló Heráclito, el dios de Delfos «ni revela ni oculta, sino que da señales», ofreciendo una guía moral y consejos que influyeron profundamente en el curso de la civilización antigua.





