Desde la obsidiana de la prehistoria hasta la escultura helenística
En la cima de Plaka se alza un edificio neoclásico de austera simetría y encanto isleño. Es obra de Ernst Ziller y alberga el Museo Arqueológico de Milos, uno de los pequeños tesoros más encantadores del Egeo.
Al cruzar el umbral, le da la bienvenida una réplica en yeso de la Venus de Milos, la famosa estatua que se encontró en 1820 cerca del teatro antiguo de Milos y que se exhibe en el Louvre. Su presencia funciona como símbolo de retorno y memoria, un punto de referencia para la identidad de la isla. Desde allí comienza el recorrido por cuatro salas que trazan la vida en Milos desde el Neolítico hasta la época romana.
En la primera sala, verá herramientas negras de obsidiana, la piedra volcánica que convirtió a Milos en un centro comercial ya desde el Neolítico. Los hallazgos de Filakopí, uno de los asentamientos prehistóricos más importantes del Egeo, dan testimonio de las relaciones comerciales con Creta y Thira. Destaca la estatuilla femenina de arcilla de la «Diosa de las Serpientes» (alrededor del 1450 a. C.), símbolo de fertilidad y protección.
En la segunda sala se exponen vasijas, joyas, lápidas funerarias y pequeños objetos de bronce de la época histórica. Una cabeza de mármol de Venus recuerda el apogeo de la escultura helenística. Junto a ella, inscripciones de la época romana narran historias de ciudadanos y benefactores, mientras que las monedas revelan el poderío económico de una isla que fue un nudo neurálgico en la red de las Cícladas.
En las salas más pequeñas se despliega la vida detrás de los grandes acontecimientos: lámparas de barro, juguetes infantiles, estatuillas que se encontraban en santuarios domésticos.Un pequeño caballo de arcilla, el juguete de un niño de Milos hace 2.500 años, es quizás el objeto más entrañable del museo.
En el patio interior se exponen fragmentos de columnas, lápidas funerarias y relieves de los santuarios de la isla, con la luz actuando como una prolongación de la arquitectura.
Al cruzar el umbral, le da la bienvenida una réplica en yeso de la Venus de Milos, la famosa estatua que se encontró en 1820 cerca del teatro antiguo de Milos y que se exhibe en el Louvre. Su presencia funciona como símbolo de retorno y memoria, un punto de referencia para la identidad de la isla. Desde allí comienza el recorrido por cuatro salas que trazan la vida en Milos desde el Neolítico hasta la época romana.
En la primera sala, verá herramientas negras de obsidiana, la piedra volcánica que convirtió a Milos en un centro comercial ya desde el Neolítico. Los hallazgos de Filakopí, uno de los asentamientos prehistóricos más importantes del Egeo, dan testimonio de las relaciones comerciales con Creta y Thira. Destaca la estatuilla femenina de arcilla de la «Diosa de las Serpientes» (alrededor del 1450 a. C.), símbolo de fertilidad y protección.
En la segunda sala se exponen vasijas, joyas, lápidas funerarias y pequeños objetos de bronce de la época histórica. Una cabeza de mármol de Venus recuerda el apogeo de la escultura helenística. Junto a ella, inscripciones de la época romana narran historias de ciudadanos y benefactores, mientras que las monedas revelan el poderío económico de una isla que fue un nudo neurálgico en la red de las Cícladas.
En las salas más pequeñas se despliega la vida detrás de los grandes acontecimientos: lámparas de barro, juguetes infantiles, estatuillas que se encontraban en santuarios domésticos.Un pequeño caballo de arcilla, el juguete de un niño de Milos hace 2.500 años, es quizás el objeto más entrañable del museo.
En el patio interior se exponen fragmentos de columnas, lápidas funerarias y relieves de los santuarios de la isla, con la luz actuando como una prolongación de la arquitectura.